En noviembre se conocerá si la Agrícola logra vencer en el certamen a nivel nacional.
La Hacienda Manflas acaba de ser notificada como ganadora en la categoría Tercera y Cuarta Región como Mejor Campo de Chile y está próxima a ser evaluada para participar del certamen nacional.
Este certamen es organizado por Anasac y cuenta con el patrocinio de la SNA, Asoex y Fedefruta. Su mayor objetivo es premiar la excelencia y los valores del campo chileno y reconocer a los agricultores de todo el país que trabajan arduamente y con gran compromiso.
Lo criterios de elección establecidos se centran en los valores fundamentales como lo son: Productividad y calidad; Responsabilidad social; Innovación; Sustentabilidad y pasión por el campo.
En noviembre se conocerá al agricultor y su predio que reuniendo todos estos valores será elegido como el “Campo del año 2023”. Además, habrá reconocimientos especiales para los finalistas de cada región del país.
Al respecto, Rodrigo Susaeta Margulis, gerente de Hacienda Manflas, hoy en día Agrícola Dainal Ltda., manifestó que “es un orgullo y estamos muy contentos de haberlo ganado, recibiremos una delegación con inspecciones físicas para definir el premio nacional. En noviembre conoceremos el ganador nacional y en octubre recibiremos el premio como ganadores de la tercera y cuarta región”.
Susaeta señaló además que este premio “Tiene un fuerte componente en la sostenibilidad y nuestra fortaleza tiene que ver con lo social y lo comunitario, pues nuestra empresa tiene un pueblo dentro de la empresa y un colegio que tiene 100 alumnos y un sindicato desde hace más de treinta años, y creo que esas cosas han hecho que hayamos calificado de manera tan alta en ese ranking”.
Sobre el escenario actual para los productores de uva de mesa, Susaeta manifestó que “Efectivamente hay un par de grandes empresas en el grupo de 110 empresas de uva de mesa, hay un grupo grande de medianas empresas y hay un grupo mucho más grande de medianas empresas en esta industria; estamos pasando por un momento delicado, no estamos pidiendo limosnas”.
El gerente de Hacienda Manflas (Agrícola Dainal Ltda.), subrayó también que “estamos pidiendo que el Estado de Chile haga la parte que le corresponde para proteger a su industria y no es solo proteger a los empresarios, sino que proteger a los trabajadores de esa industria y sus puestos de trabajo que son más de 20 mil en el año; a las familias que son 80 o 100 mil personas y esto se empieza a extender porque llegas a los proveedores y entonces empiezas a ver que el grupo afectado y la magnitud de lo que representa la uva de mesa en Copiapó es muy significativa e importante para la región”.
HACIENDA MANFLAS, PARTE
DE LA HISTORIA DE LA REGIÓN
El valle y río Manflas es uno de los tres ríos tributarios del río Copiapó, ubicado en la sección alta del valle a 120 km de la ciudad de Copiapó, a una altura de 1.500 metros sobre el nivel del mar. Este lugar fue denominado por los Incas como el Valle Encantado en honor al colorido y majestuosidad de los cerros que lo rodean. Históricamente, esta zona montañosa se caracterizó por estar pobremente poblada y dedicada mayormente al cultivo extensivo y poco eficiente de alfalfa para la producción de carne.
Recién al final de la década de los setenta empezó en Copiapó un violento e impresionante auge de plantaciones de uva de mesa, aprovechando las condiciones climáticas especiales del valle para la producción y exportación de primores.
La localidad de Manflas, con malos accesos y a grandes distancias de las fuentes de mano de obra y suministro de insumos y servicios, transformó al proyecto de Agrícola Manflas en un reto de grandes proporciones.
Las primeras plantaciones de uva de mesa se ejecutaron el año 1981 por Agrícola Manflas Ltda. Esta compañía se estableció en 1980 con los señores Félix Susaeta y Ricardo Corssen a la cabeza, el mismo año en que compraron la Hacienda Manflas con 500 hectáreas potenciales para el cultivo de la vid y 175.000 hectáreas de zonas cordilleranas.
Veinte años de arduo trabajo y altas inversiones en infraestructura (caminos, casas, sistema de riego, energía eléctrica, packing y equipos de enfriamiento) fueron necesarios para transformar esta tierra en 150 hectáreas de parrones con producciones sobre 250.000 cajas de 8,2 kg que en el futuro pueden aumentar a 400 hectáreas con una producción sobre las 800.000 cajas.